jueves, 20 de noviembre de 2014

PAÍS VASCO. La participación de Vizcaya en la conquista del reino de Granada (III)

Bienvenidos a una nueva entrega de Las huellas perdidas de Odiseo en donde trataremos un tema abordado anteriormente en el blog (Participación de Vizcaya I; Participación de Vizcaya II) y que proyectamos concluir con esta entrada. Como comentábamos en otras ocasiones, la cooperación del  Señorío de Vizcaya en la reconquista hunde sus raíces en los albores de este proceso histórico y, con lógica, también seremos capaces de vislumbrar la inclusión vizcaína en el último esfuerzo expansivo auspiciado por los Reyes Católicos. Contienda final que duraría diez años, encontrando cierta semejanza con la  clásica guerra de Troya, pues la urbe de Príamo también resistió durante una década el obstinado asedio aqueo.

La Alhambra

Fotograma de la serie Isabel
Vizcaya se posicionó a favor de Isabel y Fernando desde su problemático acceso al trono a través de la guerra de sucesión desencadenada a la muerte de Enrique IV. Los relatos cronísticos nos dan constancia de la fiereza vascongada y, asimismo, poseemos evidencia documental de una cascada de mercedes regias que algunos vizcaínos recibieron como remuneración a sus prestaciones bélicas pergeñadas contra la facción liderada por la llamada Juana la “Beltraneja”. No es de extrañar, por tanto, que desde la activación de esta última campaña andaluza se tuviese en cuenta la potencialidad del Señorío para la guerra. Conflicto armado con diferencias claras del inmediatamente precedente, distando mucho de considerarse como un episodio fratricida, sino que entra dentro de los cánones de la guerra justa y santa de la época. Coherentes fueron las palabras que para la ocasión el maestre de Santiago, Alonso de Cárdenas, dirigió a Fernando el Católico:

Boabdil
Bien creo, señor, que sabe Vuestra real Majestad, como una de las cosas que los buenos reyes cristianos os an envidia, es tener en vuestros confines gente pagana con quien no solo podeys tener guerra justa, mas guerra santa, en que entendáys e fagáis exerçitar vuestra caualleria… Pues, ¿quanto lo debe mejor hazer quien tiene tan justa, tan santa e tan necesaria guerra como vos teneys, en la cual se puede ganar honrra en esta vida e gloria en la otra”.

Crónica de los Reyes Católicos, Pulgar.

Y es que paradójicamente, con la  inesperada toma de Zahara por parte de fuerzas musulmanas, el reino nazarí sellaba su destino e ineludible desaparición, cristalizando con ello uno de los pretéritos anhelos de los monarcas españoles. 


“Antes que Sahara fuese por los moros tomada era publica fama en esta comarca que Vuestra Alteza los querie faser guerra en el verano venidero”.

Epístolas, Valera.


Etapas

El profesor Ladero divide la guerra en cuatro grandes fases: La primera de ellas de 1482 a 1484 gira en torno al mantenimiento de la Alhama en manos cristianas. Una segunda etapa vendría dada en el periodo comprendido entre 1484 y 1485, que se traduce con una dedicación más continuada de los reyes, instalados en Andalucía, y la intensificación de la crisis política en el seno de Granada. Los años decisivos fueron los inclusos entre 1485 y 1487, en los que somos espectadores del asedio y posterior caída de Málaga. Un periodo en el que las conquistas militares, el estrangulamiento económico del reino nazarí y la favorable evolución de la alianza con Boabdil deciden el curso de la guerra. Por último, el intervalo entre 1488 y 1491, cuando la cadencia de la contienda languidece, tomando un ritmo de carácter cachazudo y menos espectacular: se quebrantó, por fin, la oposición de El Zagal y sólo hubo que esperar a la rendición de Granada por capitulación. El trascurrir de los días, junto con los deseos de paz de un cansado Boabdil, lubricó la cesión de una ciudad que el 6 de enero presenció la ampulosa entrada oficial de los monarcas con su corte. Éstos permanecieron en la anterior urbe musulmana durante varios meses con ánimo de organizar la población y evitar una posible insurrección de los vencidos.

1.
1482-1484
Mantenimiento Alhama.
2.
1484-1485
Intensificación y crisis política granadina.
3.
1485-1487
Asedio, caída de Málaga. Conquistas, estrangulamiento económico.
4.
1488-1491
Ritmo pausado, derrota de El Zagal.

La rendición de Granada (Pradilla, 1882)

Dibujo de El Zagal
Las huestes vizcaínas se aunaron al propósito guerrero desde los primeros destellos del conflicto, su repercusión tanto en las operaciones terrestres como en aquellas desarrolladas por la marina fueron muy notables. Refrendamos la actuación de hombres del lugar en los distintos organismos del ejército, un Avendaño dentro del cuerpo de los guardas reales u otro- en este caso Pedro de Avendaño, ballestero mayor- como contino de la Corte; y en las diferentes etapas del conflicto, en la tala de Málaga es posible detectar a Ochoa de Salazar con cinco jinetes. Además hubo distintos apercibimientos de tropas en los sucesivos años de las hostilidades: en 1484 el contino Pedro de Barnuevo fue comisionado para reclutar cuatrocientos ballesteros y trescientos lanceros del Señorío; sobre 1486 se recibe sobrecarta en Bilbao con la exigencia de ochocientos peones lanceros y ballesteros, etc. El otro elemento en el que iban a sobresalir los recursos de Vizcaya sería el marítimo, pese a que este último aspecto no habría de ser el predominante en el conjunto del choque armado. Las naves vizcaínas prestaron un destacado servicio a los designios reales al obstaculizar la llegada de refuerzos humanos del norte de África y, asimismo, entorpecieron el aprovisionamiento de pertrechos y víveres para los sitiados. Para esa misión el trono confiaba en la flota vasca, consciente de que sería asistido como “sus antecesores de gloriosa memoria”. Tras el cese de las hostilidades fue el capitán Artieta el encargado de trasladar a África al rey Boabdil y a los suyos, trasporte tras el cual siguió permaneciendo en el servicio de sus señores.

La familia de boabdil abandona la Alhambra (Gómez Moreno, 1880)

El suspiro del moro (Pradilla, 1892)
En resumen, descontando ciertos apremios financieros ligados al desarrollo de las operaciones, estos norteños se aprovecharon en gran medida del afán cruzado de los monarcas católicos obteniendo como resultado diferentes mercedes -ya sean de índole material u honorífica- que en algún caso les sirvió como plataforma de proyección en la Corte. Un entorno regio de una monarquía que se fue fortaleciendo en un contexto de la expansión imperial, gestándose una entidad política que no comenzó a declinar hasta bien entrado el siglo XVII. Comprensiblemente, las expectativas en el momento eran inmensas para unos vizcaínos que con vehemencia intentaban descubrir su engranaje en ese sistema. La disputa por Granada se trató de la última guerra medieval que se desencadenó en suelo hispánico. Los diferentes integrantes de la Corona- desde ciudades o ricos hombres a pequeños hidalgos- acudieron a ella en forma de mesnada y manteniendo de alguna manera los inveterados modos de ejercitar las armas que se habían venido practicando durante centurias en la Reconquista. No obstante, este enfrentamiento coadyuvó al hallazgo de nuevas técnicas militares, novedades efectuadas al compás del perfeccionamiento de la administración de recursos. Innovaciones de gran enjundia para los inmediatos planes de la Monarquía autoritaria, la cercana aventura italiana e integración vizcaína en ella nos obsequia buena prueba de ello.


La contienda gozaría de una ventaja instrumental decisiva como válvula de escape dentro del convulso marco de las luchas de bandos que a la sazón infectaban a las provincias vascongadas. El desvío de la atención fuera de las antiguas pendencias intestinas, junto al enfrentamiento contra un adversario común y el abigarrado abanico de mercedes anexo al ejercicio guerrero, permitió pacificar en gran medida la tierra de origen. Lo que en un principio se nos antoja como el final de una era no es sino un comienzo de otra, periodo inaugural que presagia pingües beneficios para unos vizcaínos que gozan un estatuto jurídico privilegiado por la supuesta hidalguía universal inherente al Señorío. Dicha condición les supuso una notabilísima ventaja para su imbricación en la administración y otros cuadros estatales del naciente imperio español. Es por eso que la toma de Granada se eleva como una especie de ensayo general para los vascos que buscan el medro lejos de su lugar de nacimiento.

La Alhambra

Muchas gracias por ser participes un día más en este lugar digital de encuentro. Hasta la próxima entrega de Las huellas perdidas de Odiseo.

Un abrazo.

Sergio D.S.

Bibliografía complementaria


AA.VV. La incorporación de Granada a la Corona de Castilla. Actas del symposium conmemorativo del quinto centenario, Diputación Provincial de Granada, 1993.
DÍAZ DE DURANA ORTIZ DE URBINA, J.R., OTAZU, A., El espíritu emprendedor de los vascos, Silex Ediciones, 2008.
LABAYRU GOICOECHEA, E. J., Historia General del Señorío de Bizcaya, Tomo III.
LADERO QUESADA, M. A., Castilla y la conquista de la guerra de Granada.
LADERO QUESADA, M.A., La guerra de Granada (1482-1491), Los libros de la Estrella, Historia, economía y sociedad, nº4, Diputación de Granada, 2001.

 

 

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