domingo, 29 de mayo de 2016

[EDAD ANTIGUA, ITALIA] Los etruscos (I)

Bienvenidos un día más a una nueva entrada de Las huellas perdidas de Odiseo que espero sea de vuestro agrado. De hecho, lo que me gustaría inaugurar hoy es un pequeño ciclo de breves artículos que nos permitan a todos estudiar una civilización preterita, quizá más desconocida que otras, pero que nos parece merecedora de una gran atención. Nos estamos refiriendo a los Etruscos, un pueblo que se extendió vigorosamente por Italia central durante centurias y en cuyo periclitar somos testigos de su relevo por la que sería la dominadora del orbe: Roma. Y dicha ciudad es la que de alguna manera actualmente se constituye como un polo de inmenso magnetismo para todo el turismo internacional, ocultando otras muchas maravillas de la región que vale la pena conocer y algunas de las cuales- gracias a mi longeva estancia en la capital de Italia- intentaré resaltar para vosotros. Por ello, os invito a que sigáis mis pasos y os perdáis conmigo en lugares cuyos nombres quizá no hayáis escuchado con anterioridad pero que vaticinan un descubrimiento inolvidable: Cerveteri, Tarquinia, Viterbo,… Os prometo que son enclaves cuya visita no lamentaréis.

El autor de estas líneas en Cerveteri

Etruscos

Apolo de Veyes
Los etruscos eran un conjunto de gentes con un origen aún incierto y polémico que se asentó en una zona espacialmente extensa denominada Etruria y que comprende territorios del Lacio, la Toscana, Umbria… Su lengua es no indoeuropea y por fortuna nos beneficiamos de restos arqueológicos que han permitido su recuperación e inevitable análisis. La cultura etrusca ha influido poderosamente en aquellos que con el tiempo fueron sus herederos, configurándose en una parte más que significativa del material genético de la civilización romana. Su presencia se puede detectar ya sea en aspectos religiosos, artísticos, arquitectónicos u otros menos transcendentes como los lúdicos, etc. Sobre su origen mucho se ha discutido ya desde época clásica, así vemos como Heródoto sostiene la tesis de la procedencia oriental, mientras otros autores difieren de esta opinión, como puede ser Dionisio de Halicarnaso cuyo laudo se inclina hacia sus raíces autóctonas, mientras que Tito Livio apuesta por unos antecedentes septentrionales. Un debate canónico al que habría que añadir otros dictámenes como el que sostiene un sincretismo entre las tres opiniones, siendo veraces y complementarios los anteriores posicionamientos. Un intento de conciliación que recordamos no necesariamente debe ser certero por el simple ánimo de aunar valoraciones.


Anexo I. Necrópolis

Necrópolis de Orvieto
La majestuosidad de las necrópolis evidencia paladinamente el grado de desarrollo de esta civilización, la prosperidad material conseguida, los avances tecnológicos logrados y las habilidades artísticas perfeccionadas por el pueblo etrusco. En ellas quedan plasmados los intensos intercambios comerciales y las relaciones de todo tipo con otras partes del Mediterráneo, las influencias recíprocas en las técnicas utilizadas en sus diferentes manifestaciones de cultura material y los significados compartidos que estas obras mantenían con el exterior. Pero las tumbas también nos auxilian a conocer la estructura social de las ciudades, los detalles de las prácticas religiosas, las ideas del sentido de la vida, la visión de la muerte, todo un imaginario mental con el que estos hombres y mujeres de la Antigüedad entretejían sus existencias.



Cronología y expansión

La civilización etrusca se desarrolla desde el siglo IX a. C y la encerramos en un lapso de tiempo finalizado con la organización administrativa que Augusto realizó durante el cierre del siglo I a. C. Las fases en las que decidimos dividir su trayectoria pueden variar según las perspectivas o criterios utilizados. Pero nos gustaría ofrecer esta breve catalogación que, aunque dista mucho de ser original, cumple con nuestros objetivos didácticos a la perfección:

Fin de la Edad del Bronce (s. X a.C)
Primera Edad del Hierro (s. IX- VIII a.C)
Edad Orientalizante (720-580 a.C)
Edad Arcaica (580-480 a.C)
Edad Clásica (480- 320 a.C)
Edad Helenística (320- 27 a.C)


Vemos pues que nos disponemos ante un dilatado intervalo temporal, es por ello que debemos de tener precaución con todas esas ideas preconcebidas que podamos atesorar sobre una civilización que además se expande por zonas geográficas notablemente diversas. Entra dentro de lo razonable que no sea posible encorsetar a los etruscos en una identidad estática e invariable tanto en el espacio como en el tiempo, siendo esperado un carácter polimorfo dentro de una cierta naturaleza común.

Mapa expansión etrusca
Marco histórico

Quimera de Arezzo
Loba capitolina
La civilización etrusca tuvo un periodo de incubación y maduración pausado, estableciéndose como una parte sustancial del basamento de la cultura que posteriormente gobernó el Lacio. Mencionaremos simplemente de pasada el valor de los yacimientos de la Edad de Bronce y la época villanoviana, cuyos restos aún podemos admirar hoy en día. No obstante, nos detendremos un poco más en subrayar la honda presencia del influjo griego en el mundo etrusco, iniciada en lo que se ha venido a llamar con cierta lógica y poca originalidad su fase orientalizante. Una muestra palpable de esta relación con los célebres griegos la desvelamos en la cerámica, siendo ésta un producto de intercambio comercial entre los dos pueblos. Además somos capaces de observar como parte del panteón etrusco se identifica con las divinidades helenas, un ejemplo simple de ello lo descubrimos en la analogía Tinia/Zeus. 


Anexo II. Religión

Nos relata Tito Livio que los etruscos sobresalían por el interés mostrado en la religión y en todo tipo de prácticas derivadas de ésta. No es de extrañar que dicho plano sea uno de los aspectos en los que más han aportado a la cultura romana, la importancia de la adivinación a través de las vísceras de los animales representa una evidencia. Los etruscos eran politeístas, creían en la predestinación, daban una trascendental relevancia a lo religioso en la vida cotidiana y eran extremadamente supersticiosos. Y así, también, los rayos fueron mensajeros portadores de sentido, en palabras del propio Séneca:

« Hoc inter nos et Tuscos, quibus summa est fulgurum persequendorum scientia, interest: nos putamus, quia nubes collisae sunt, fulmina emitti; ipsi existimant nubes collidi ut fulmina emittantur. Nam, cum omnia ad deum referant, in ea opinione sunt tamquam non, quia facta sunt, significent, sed quia significatura sunt, fiant.» (Seneca, Quaestiones naturales, II, 32.2) [«Entre nosotros y los etruscos, que tienen gran habilidad en el arte de interpretar los relámpagos, existe una diferencia: nosotros creemos que los rayos son emitidos porque las nubes colisionan; según ellos, las nubes chocan para que se produzcan los rayos; pues como todo lo vinculan a la divinidad, son de la opinión que los hechos no tienen un significado cuando se producen, sino que tienen lugar porque deben transmitir un significado»].


Pese a todo, habremos de esperar al ecuador del siglo VI para ser espectadores del apogeo de la expansión etrusca que, gracias a la victoria en la batalla de Alalia y su alianza con los cartagineses, fueron capaces de establecer en toda la península. Un poderío que en un futuro fue discutido, rechazado y aniquilado por Roma. No obstante, ese momento aún no había llegado y debemos anotar cómo los últimos reyes romanos pertenecían a una dinastía etrusca (Tarquinio Prisco, Servio Tulio, Tarquinio el Soberbio), esto de alguna manera nos informa de la autoridad etrusca en los primeros pasos de la más sobresaliente urbe de la Antigüedad. Tras ese titubeante inicio, nacida ya la República romana, localizamos los enfrentamientos bélicos por el control de su entorno más inmediato: las llamadas guerras romano-etruscasY es que pese haber obtenido importantes debacles militares con anterioridad- la derrota naval contra Siracusa en el 479 a. C puede ser un ejemplo- fue la animosidad con esta ciudad en ambiciosa expansión la que marcó su ocaso. Resulta canónico citar el choque de la etrusca Veio con Roma, su asedio e implacable caída ante las tropas romanas. Por otro lado, más bien desde el septentrión, los etruscos también hubieron de sufrir los ataques de las hordas galas en Padania. Sin embargo, como hemos referido, fue la rivalidad con el futuro imperio la que finalmente selló su destino: 294 a. C. puede ser una fecha clave marcada con la agresión a Orvieto que galvaniza la sumisión de todo el Lacio hacia Roma.


Sarcófago de los esposos (Museo Nacional Etrusco de Roma)


Anexo III. Pinturas

Sin lugar a dudas este es el aspecto que más me ha impactado de toda la producción artística etrusca y os invito a seguir mis pasos, repetir el algunas veces errático vagabundeo al que me he abandonado para contemplar por vosotros mismos los frescos todavía visibles en ciertas cámaras funerarias diseminadas en el Lacio y otras regiones limítrofes. A través de ellas podremos avizorar algunos de los banquetes que jalonaban los momentos de ocio, imaginar el sonido de sus instrumentos musicales e intuir siquiera el movimiento de unas danzas atrapadas sobre las paredes de las cámaras mortuorias. En fin, sentir de alguna manera el modo de vida de estas gentes de un mundo casi desaparecido.

Foto realizada en Tarquinia


Las ciudades-estado etruscas

Los etruscos establecieron una alianza de ciudades-estado, se suelen citar doce:

Caisra (Cerveteri), Clevsi (Chiusi), Tarchuna (Tarquinia), Vei(s) (Veio), Velch (Vulci), Vetluna (Vetulonia), Pupluna (Populonia), Velathri (Volterra), Velzna (Orvieto), Curtun (Cortona), Perusna (Perugia), Aritim (Arezzo).

Entes políticamente independientes que a veces aparecían enfrentados entre sí pero que, sin embargo, se reunían periódicamente para la celebración de rituales, competiciones deportivas u otro tipo de actos de eminente carácter político. Las urbes ejercían su imperio sobre un privativo territorio circundante de difícil concreción en la actualidad, gozando de una gran autonomía y específicos objetivos que en el futuro desafío con Roma les iba a costar caro: la falta de solidaridad entre ellas facilitó su propia decadencia y derrota bajo las armas romanas.

En los últimos meses he tenido el privilegio de visitar unas cuantas de estas urbes y es un verdadero placer para mí compartir algunas de las fotos que he tomado mientras intentaba recomponer el mosaico de un pasado desfigurado por los años. Al menos si mantienes la voluntad deliberada de intentar una reconstrucción que resulta imposible, queda como mínimo en tu alcance esbozar un boceto más o menos factible de un escenario no completamente irrecuperable.


Anexo IV. Cerámicas

Muestra procedente del Museo de Cerveteri
Como decía, he tenido la fortuna de poder contemplar cientos de vestigios cerámicos de producción etrusca desperdigados en una cantidad significativa de museos y otras instituciones. Evidentemente sus características varían dependiendo la región e intervalo cronológico del que estamos tratando. Destacar, sin embargo, la influencia griega durante todo el proceso de creación de estos objetos y subrayar su significativo papel para conocer muchos de los aspectos de las costumbres, creencias, mitología… de Etruria.



Como conclusión queremos rememorar la transcendencia de una civilización eclipsada por aquella que inmediatamente le iba a suceder pero cuyo resplandor no llega a desvanecerse del todo, permaneciendo inoculada en los usos y prácticas de los conquistadores romanos. Los etruscos fueron unos excelentes constructores, sólo debemos pasear por la impresionante necrópolis de Cervéterí para darnos cuenta de una habilidad que ha sobrevivido al paso de milenios. Asimismo, la pericia que desplegaban en las artes pictóricas todavía es patente en las cámaras mortuorias aún conservadas, esta vez invito a descender dentro de las tumbas que sobreviven en el entorno inmediato de las murallas de Tarquinia

Anexo V. Alfabeto

Fotografía del Cippo de Perugia
La lengua etrusca, de origen no indoeuropeo, ha suscitado enconados debates entre los expertos, por cuestiones semánticas, relativas al alfabeto o el modo de lectura de los escritos (de derecha a izquierda). La serie alfabética utilizada ya en el siglo VII a. C es de tipo griego occidental. Las más de diez mil inscripciones conocidas informan en su mayor número de indicaciones de carácter onomástico o funerario, formulas sagradas, textos jurídicos y calendarios rituales.


En las próximas entradas nos encargaremos, por tanto, de describir con más detalle los vestigios etruscos que mi peregrinaje por Italia me ha permitido contemplar. Espero y deseo que todo ello suscite en vosotros una grata curiosidad. 

Gracias una vez más por ser coparticipe de Las huellas perdidas de Odiseo.

Un fuerte abrazo.


Sergio D.S.

P.D: Aquí os dejo un enlace de un documental sobre el tema como posible complemento al artículo.