domingo, 29 de mayo de 2016

[EDAD ANTIGUA, ITALIA] Los etruscos (I)

Bienvenidos un día más a una nueva entrada de Las huellas perdidas de Odiseo que espero sea de vuestro agrado. De hecho, lo que me gustaría inaugurar hoy es un pequeño ciclo de breves artículos que nos permitan a todos estudiar una civilización preterita, quizá más desconocida que otras, pero que nos parece merecedora de una gran atención. Nos estamos refiriendo a los Etruscos, un pueblo que se extendió vigorosamente por Italia central durante centurias y en cuyo periclitar somos testigos de su relevo por la que sería la dominadora del orbe: Roma. Y dicha ciudad es la que de alguna manera actualmente se constituye como un polo de inmenso magnetismo para todo el turismo internacional, ocultando otras muchas maravillas de la región que vale la pena conocer y algunas de las cuales- gracias a mi longeva estancia en la capital de Italia- intentaré resaltar para vosotros. Por ello, os invito a que sigáis mis pasos y os perdáis conmigo en lugares cuyos nombres quizá no hayáis escuchado con anterioridad pero que vaticinan un descubrimiento inolvidable: Cerveteri, Tarquinia, Viterbo,… Os prometo que son enclaves cuya visita no lamentaréis.

El autor de estas líneas en Cerveteri

Etruscos

Apolo de Veyes
Los etruscos eran un conjunto de gentes con un origen aún incierto y polémico que se asentó en una zona espacialmente extensa denominada Etruria y que comprende territorios del Lacio, la Toscana, Umbria… Su lengua es no indoeuropea y por fortuna nos beneficiamos de restos arqueológicos que han permitido su recuperación e inevitable análisis. La cultura etrusca ha influido poderosamente en aquellos que con el tiempo fueron sus herederos, configurándose en una parte más que significativa del material genético de la civilización romana. Su presencia se puede detectar ya sea en aspectos religiosos, artísticos, arquitectónicos u otros menos transcendentes como los lúdicos, etc. Sobre su origen mucho se ha discutido ya desde época clásica, así vemos como Heródoto sostiene la tesis de la procedencia oriental, mientras otros autores difieren de esta opinión, como puede ser Dionisio de Halicarnaso cuyo laudo se inclina hacia sus raíces autóctonas, mientras que Tito Livio apuesta por unos antecedentes septentrionales. Un debate canónico al que habría que añadir otros dictámenes como el que sostiene un sincretismo entre las tres opiniones, siendo veraces y complementarios los anteriores posicionamientos. Un intento de conciliación que recordamos no necesariamente debe ser certero por el simple ánimo de aunar valoraciones.


Anexo I. Necrópolis

Necrópolis de Orvieto
La majestuosidad de las necrópolis evidencia paladinamente el grado de desarrollo de esta civilización, la prosperidad material conseguida, los avances tecnológicos logrados y las habilidades artísticas perfeccionadas por el pueblo etrusco. En ellas quedan plasmados los intensos intercambios comerciales y las relaciones de todo tipo con otras partes del Mediterráneo, las influencias recíprocas en las técnicas utilizadas en sus diferentes manifestaciones de cultura material y los significados compartidos que estas obras mantenían con el exterior. Pero las tumbas también nos auxilian a conocer la estructura social de las ciudades, los detalles de las prácticas religiosas, las ideas del sentido de la vida, la visión de la muerte, todo un imaginario mental con el que estos hombres y mujeres de la Antigüedad entretejían sus existencias.



Cronología y expansión

La civilización etrusca se desarrolla desde el siglo IX a. C y la encerramos en un lapso de tiempo finalizado con la organización administrativa que Augusto realizó durante el cierre del siglo I a. C. Las fases en las que decidimos dividir su trayectoria pueden variar según las perspectivas o criterios utilizados. Pero nos gustaría ofrecer esta breve catalogación que, aunque dista mucho de ser original, cumple con nuestros objetivos didácticos a la perfección:

Fin de la Edad del Bronce (s. X a.C)
Primera Edad del Hierro (s. IX- VIII a.C)
Edad Orientalizante (720-580 a.C)
Edad Arcaica (580-480 a.C)
Edad Clásica (480- 320 a.C)
Edad Helenística (320- 27 a.C)


Vemos pues que nos disponemos ante un dilatado intervalo temporal, es por ello que debemos de tener precaución con todas esas ideas preconcebidas que podamos atesorar sobre una civilización que además se expande por zonas geográficas notablemente diversas. Entra dentro de lo razonable que no sea posible encorsetar a los etruscos en una identidad estática e invariable tanto en el espacio como en el tiempo, siendo esperado un carácter polimorfo dentro de una cierta naturaleza común.

Mapa expansión etrusca
Marco histórico

Quimera de Arezzo
Loba capitolina
La civilización etrusca tuvo un periodo de incubación y maduración pausado, estableciéndose como una parte sustancial del basamento de la cultura que posteriormente gobernó el Lacio. Mencionaremos simplemente de pasada el valor de los yacimientos de la Edad de Bronce y la época villanoviana, cuyos restos aún podemos admirar hoy en día. No obstante, nos detendremos un poco más en subrayar la honda presencia del influjo griego en el mundo etrusco, iniciada en lo que se ha venido a llamar con cierta lógica y poca originalidad su fase orientalizante. Una muestra palpable de esta relación con los célebres griegos la desvelamos en la cerámica, siendo ésta un producto de intercambio comercial entre los dos pueblos. Además somos capaces de observar como parte del panteón etrusco se identifica con las divinidades helenas, un ejemplo simple de ello lo descubrimos en la analogía Tinia/Zeus. 


Anexo II. Religión

Nos relata Tito Livio que los etruscos sobresalían por el interés mostrado en la religión y en todo tipo de prácticas derivadas de ésta. No es de extrañar que dicho plano sea uno de los aspectos en los que más han aportado a la cultura romana, la importancia de la adivinación a través de las vísceras de los animales representa una evidencia. Los etruscos eran politeístas, creían en la predestinación, daban una trascendental relevancia a lo religioso en la vida cotidiana y eran extremadamente supersticiosos. Y así, también, los rayos fueron mensajeros portadores de sentido, en palabras del propio Séneca:

« Hoc inter nos et Tuscos, quibus summa est fulgurum persequendorum scientia, interest: nos putamus, quia nubes collisae sunt, fulmina emitti; ipsi existimant nubes collidi ut fulmina emittantur. Nam, cum omnia ad deum referant, in ea opinione sunt tamquam non, quia facta sunt, significent, sed quia significatura sunt, fiant.» (Seneca, Quaestiones naturales, II, 32.2) [«Entre nosotros y los etruscos, que tienen gran habilidad en el arte de interpretar los relámpagos, existe una diferencia: nosotros creemos que los rayos son emitidos porque las nubes colisionan; según ellos, las nubes chocan para que se produzcan los rayos; pues como todo lo vinculan a la divinidad, son de la opinión que los hechos no tienen un significado cuando se producen, sino que tienen lugar porque deben transmitir un significado»].


Pese a todo, habremos de esperar al ecuador del siglo VI para ser espectadores del apogeo de la expansión etrusca que, gracias a la victoria en la batalla de Alalia y su alianza con los cartagineses, fueron capaces de establecer en toda la península. Un poderío que en un futuro fue discutido, rechazado y aniquilado por Roma. No obstante, ese momento aún no había llegado y debemos anotar cómo los últimos reyes romanos pertenecían a una dinastía etrusca (Tarquinio Prisco, Servio Tulio, Tarquinio el Soberbio), esto de alguna manera nos informa de la autoridad etrusca en los primeros pasos de la más sobresaliente urbe de la Antigüedad. Tras ese titubeante inicio, nacida ya la República romana, localizamos los enfrentamientos bélicos por el control de su entorno más inmediato: las llamadas guerras romano-etruscasY es que pese haber obtenido importantes debacles militares con anterioridad- la derrota naval contra Siracusa en el 479 a. C puede ser un ejemplo- fue la animosidad con esta ciudad en ambiciosa expansión la que marcó su ocaso. Resulta canónico citar el choque de la etrusca Veio con Roma, su asedio e implacable caída ante las tropas romanas. Por otro lado, más bien desde el septentrión, los etruscos también hubieron de sufrir los ataques de las hordas galas en Padania. Sin embargo, como hemos referido, fue la rivalidad con el futuro imperio la que finalmente selló su destino: 294 a. C. puede ser una fecha clave marcada con la agresión a Orvieto que galvaniza la sumisión de todo el Lacio hacia Roma.


Sarcófago de los esposos (Museo Nacional Etrusco de Roma)


Anexo III. Pinturas

Sin lugar a dudas este es el aspecto que más me ha impactado de toda la producción artística etrusca y os invito a seguir mis pasos, repetir el algunas veces errático vagabundeo al que me he abandonado para contemplar por vosotros mismos los frescos todavía visibles en ciertas cámaras funerarias diseminadas en el Lacio y otras regiones limítrofes. A través de ellas podremos avizorar algunos de los banquetes que jalonaban los momentos de ocio, imaginar el sonido de sus instrumentos musicales e intuir siquiera el movimiento de unas danzas atrapadas sobre las paredes de las cámaras mortuorias. En fin, sentir de alguna manera el modo de vida de estas gentes de un mundo casi desaparecido.

Foto realizada en Tarquinia


Las ciudades-estado etruscas

Los etruscos establecieron una alianza de ciudades-estado, se suelen citar doce:

Caisra (Cerveteri), Clevsi (Chiusi), Tarchuna (Tarquinia), Vei(s) (Veio), Velch (Vulci), Vetluna (Vetulonia), Pupluna (Populonia), Velathri (Volterra), Velzna (Orvieto), Curtun (Cortona), Perusna (Perugia), Aritim (Arezzo).

Entes políticamente independientes que a veces aparecían enfrentados entre sí pero que, sin embargo, se reunían periódicamente para la celebración de rituales, competiciones deportivas u otro tipo de actos de eminente carácter político. Las urbes ejercían su imperio sobre un privativo territorio circundante de difícil concreción en la actualidad, gozando de una gran autonomía y específicos objetivos que en el futuro desafío con Roma les iba a costar caro: la falta de solidaridad entre ellas facilitó su propia decadencia y derrota bajo las armas romanas.

En los últimos meses he tenido el privilegio de visitar unas cuantas de estas urbes y es un verdadero placer para mí compartir algunas de las fotos que he tomado mientras intentaba recomponer el mosaico de un pasado desfigurado por los años. Al menos si mantienes la voluntad deliberada de intentar una reconstrucción que resulta imposible, queda como mínimo en tu alcance esbozar un boceto más o menos factible de un escenario no completamente irrecuperable.


Anexo IV. Cerámicas

Muestra procedente del Museo de Cerveteri
Como decía, he tenido la fortuna de poder contemplar cientos de vestigios cerámicos de producción etrusca desperdigados en una cantidad significativa de museos y otras instituciones. Evidentemente sus características varían dependiendo la región e intervalo cronológico del que estamos tratando. Destacar, sin embargo, la influencia griega durante todo el proceso de creación de estos objetos y subrayar su significativo papel para conocer muchos de los aspectos de las costumbres, creencias, mitología… de Etruria.



Como conclusión queremos rememorar la transcendencia de una civilización eclipsada por aquella que inmediatamente le iba a suceder pero cuyo resplandor no llega a desvanecerse del todo, permaneciendo inoculada en los usos y prácticas de los conquistadores romanos. Los etruscos fueron unos excelentes constructores, sólo debemos pasear por la impresionante necrópolis de Cervéterí para darnos cuenta de una habilidad que ha sobrevivido al paso de milenios. Asimismo, la pericia que desplegaban en las artes pictóricas todavía es patente en las cámaras mortuorias aún conservadas, esta vez invito a descender dentro de las tumbas que sobreviven en el entorno inmediato de las murallas de Tarquinia

Anexo V. Alfabeto

Fotografía del Cippo de Perugia
La lengua etrusca, de origen no indoeuropeo, ha suscitado enconados debates entre los expertos, por cuestiones semánticas, relativas al alfabeto o el modo de lectura de los escritos (de derecha a izquierda). La serie alfabética utilizada ya en el siglo VII a. C es de tipo griego occidental. Las más de diez mil inscripciones conocidas informan en su mayor número de indicaciones de carácter onomástico o funerario, formulas sagradas, textos jurídicos y calendarios rituales.


En las próximas entradas nos encargaremos, por tanto, de describir con más detalle los vestigios etruscos que mi peregrinaje por Italia me ha permitido contemplar. Espero y deseo que todo ello suscite en vosotros una grata curiosidad. 

Gracias una vez más por ser coparticipe de Las huellas perdidas de Odiseo.

Un fuerte abrazo.


Sergio D.S.

P.D: Aquí os dejo un enlace de un documental sobre el tema como posible complemento al artículo.


jueves, 11 de febrero de 2016

[PAÍS VASCO] El legado piadoso de Ochoa, una aproximación a los testamentos medievales

Imagen de El séptimo sello, dirigida por Ingmar Bergman
Bienvenidos un día más a una nueva entrada de Las huellas perdidas de Odiseo que esperamos sea otra vez de vuestro agrado. En esta ocasión nos vamos a adentrar en el mundo medieval, en concreto en la tumultuosa Edad Media castellana, valiéndonos de un documento de la época que intentamos recordar. Y es que nuestra intención es hablaros un poco de aquello que hoy queda relegado en nuestras vidas pero que, sin embargo, en aquel periodo formaba una parte importante del mundo cotidiano de las personas. Nos referimos a la muerte, esa triste compañera que siempre nos sigue los pasos y que en un pasado no muy lejano era vista como un fenómeno mucho más natural e incluido en la conciencia de todas las personas. Para ello nos valdremos de un somero análisis de un testamento perteneciente a un pequeño noble vizcaíno llamado Ochoa que vivió entre dos siglos (XIV-XV) y que fue padre del más celebrado cronista vascongado, Lope García de Salazar. Ochoa García de Salazar fue el prototipo de belicoso caballero del espacio y momento que le vio vivir, ornado con un periplo vital azaroso y cruento, pasado que intenta paliar de alguna forma por el bien de su alma en ese último acto de voluntad vital como es el testamento. Las donaciones a la Iglesia realizadas tras el deceso eran el instrumento mediante el cual los hombres intentaban redimir sus pecados y alcanzar la vida eterna en el paraíso, el breve comentario del legado piadoso de Ochoa es, por tanto, el tema principal de este texto.


Anexo I. Donaciones pías

Las donaciones que los hombres y mujeres del Medievo realizaban a la Iglesia formaban parte de un fenómeno religioso de gran calado con repercusiones económicas y sociales muy profundas. El propósito  principal de estos fieles consistía en la voluntad salvífica de la propia alma que se intentaba favorecer a través de las dádivas que el difunto otorgaba a las diferentes instituciones eclesiásticas tras el óbito. Al mismo tiempo se urdía un fuerte vínculo entre vivos y muertos, por medio de las oraciones que los primeros realizaban para los fallecidos o por otro tipo de acciones, como pudieren ser las peregrinaciones a lugares santos bajo encargo de los ya sin vida. Finalmente, comentar siquiera la fuente inagotable de recursos que para la Iglesia suponía este tipo de transferencia de riquezas, siendo un pilar fundamental del poder que conservaba en la sociedad medieval.



Dibujo de la Torre de Muñatones
Ochoa de Salazar (1374-1439) fue un componente destacado de la nobleza del Señorío de Vizcaya con un poderío sobre todo efectivo dentro de este espacio norteño de la Corona castellana, aunque hemos de precisar que no fue capaz de compararse con esos grandes señores alaveses que se vieron aupados en la cúspide del poder del reino con el advenimiento de la dinastía Trastámara. Nos ubicamos ante un pariente mayor que dispone de un amplio haz de diferentes propiedades –como sería el solar del linaje o la casa torre enclavada en él– y fuentes de ingresos, desde aquellas derivadas del patronato de alguna iglesia hasta otras como pueden ser características para este linaje: las representadas por las rentas extraídas de la producción ferrona. No obstante, la crisis bajomedieval también afectó gravosamente al estamento en el que está inserto y así vemos como parte de esta pequeña nobleza reacciona de diversas maneras, ya sea aumentando la exacción señorial a sus dependientes, inmiscuyéndose en las famosas “luchas de bandos” o buscando el servicio remunerado al rey.


Anexo II. Lucha de Bandos

La imagen de estas lizas como meros conflictos internobiliarios ya no es factible y como nos previno en su día el profesor Cortázar, en estas rivalidades se dirime un combate por quién “vale más” pero bajo esta competición se esconde un fenómeno histórico de marcado carácter poliédrico que en su concepción más sencilla adopta una forma trinitaria: el enfrentamiento entre la nobleza rural con sus propios labradores sobre quienes se agudiza la presión señorial en afán de sobrellevar la crisis bajomedieval; el conflicto de esa misma nobleza con las nuevas realidades sociales y económicas representadas por las villas; la encarnizada lucha de los belicosos nobles rurales entre sí mismos (García de Cortázar).


Sobre la religiosidad real de Ochoa poco podemos saber más allá de las clausulas que se encargan de este aspecto dentro de su testamento y éstas mantienen la peligrosidad de quedar únicamente plasmadas a manera de un mero formulismo que no refleja el carácter real de la persona que lo suscribe. Subrayar la azarosa vida de Ochoa, jalonada por los hechos de armas, rapiñas y represión al campesinado, etc. Perfil que por otra parte se corresponde fidedignamente con los otros miembros de su clase, como bien quedará mostrado en la trayectoria vital de su propio hijo y sucesor. Ochoa bandeará briosamente en las disputas nobiliarias, su rivalidad con los Velasco es un excelente ejemplo; el papel activo como represor de las revueltas originadas contra el excesivo influjo señorial también nos fue evidenciado en su socorro al señor de Ayala en el alzamiento del valle de Leniz de 1423 contra Pedro Vélez de Guevara; por fin, vemos como probable una vida de excesos propicia para todo tipo de abusos contra las gentes de menor condición.





Anexo III. Lope Garcia de Salazar, sus Bienandanzas y Fortunas

Lope García de Salazar (1399-1476) es el más famoso cronista medieval de la Edad media vasca. A él debemos la monumental obra de las Bienandanzas y Fortunas, un compendio que supone un rico manantial de noticias de la época que le vio nacer. En estas páginas podemos descubrir la belicosidad de la nobleza vascongada del tiempo, sus luchas internas o las pugnas contra las cada vez más poderosas ciudades del territorio. En este sentido el propio Lope García de Salazar puede ser un paradigma de esta clase de hombres, tras una vida llena de pendencias por la que incluso se ganó un exilio en la frontera para luchar contra los moros- después de un edicto de Enrique IV- murió preso a manos de su propia familia en su torre-fortaleza de Portugalete. Te recomendamos leer la nueva edición de su historia pergeñada a manos de María Consuelo Villacorta Macho.

María Consuelo Villacorta Macho


Revuelta campesina


La postura con la que el hombre se enfrenta a la muerte, la forma que tiene éste de abrazar su finitud y cómo se prepara para el juicio que decidirá su destino por toda la eternidad guarda una singular trascendencia y queda notablemente dibujada en la práctica testamentaria, siendo la tipología de documentos que se insertan en este campo los predominantemente utilizados por los especialistas para la aprehensión del fenómeno mortuorio. En estos textos, junto a las disquisiciones teológicas con las que dan comienzo, se incluyen unas cláusulas en las que se detallan las donaciones pías, aquellas disposiciones destinadas a facilitar la salvación del alma, quedando establecidos con ellas los medios para sufragar este fin. No es de extrañar por tanto que algunos autores hayan considerado esta práctica como un medio de preparar un “pasaporte para el más allá” (Le Goff).

Anexo IV. Documento testamento Ochoa García de Salazar

"En el nonbre de Dios e de Santa María su Madre, amén. Sepan cuantos esta carta de testamento y mandas bieren cómo yo Ochoa de Salazar caballero, morador en Sant Martín de Somorrostro, estando enfermo del cuerpo y sano de la voluntad cual Dios Padre me lo quiso dar e prestar e aviendo temor de la muerte porque natural cosa es que todos los que en este mundo nacen an de finar e por lebar la mi ánima a la más libre carrera a juicio de Dios e por mis herederos apaziguar.Conosco e otorgo que fago e ordeno y establezco este mi testamento y mandas éste que muestra la mi postrimera voluntad. Primeramente, mando la mi alma a Dios Padre que la crió e la redimió por la su preçiosa sangre e mando que si de mí algo aconteçiere cosa como de muerte que entierren el mi cuerpo en la iglesia de Sant Martín de Somorrostro delante el altar e mando que me entierren con ábito de San Françisco e mando que den al fraile que diere el ábito para mi cuerpo otro ábito nuevo.Iten mando más, que traigan por mi alma un cautibo de tierra de moros e que den para lo quitar treinta coronas de oro del cuño de Françia. Iten más mando, que den por mi ánima un romero a la iglesia de Santa María de la Peña de Françia e que inbíen con el dicho romero para la obra de la dicha iglesia de Santa María çien maravedís. Iten mando más, que fagan dezir en Sant Martín de Somorrostro donde mi cuerpo yaze enterrado en cada semana para siempre jamás tres misas en esta guisa, la una en el domingo e la otra en el lunes e la otra en el viernes. E que las digan los clérigos de la iglesia de San Julían de Musques e que les den por ello a los dichos clérigos de Sant Julian la mi viña que yo en Sobarbardun en la colaçion de san Julián de Musques que es ateniéndose: de una parte la pieça de tierra de parral que fue de Juan Françes, e de otra parte al camino e de otra parte a la Varrera, e de otra parte a las tierras y heredades de La Magdalena, e de otras parte a las Biñas que fueron (en blanco). Pero con tal condiçion les mando que si mis herederos la quisieren tener e labrar y esquilmar que la puedan tener con tal condiçion que en cada año por siempre jamás den a los dichos clérigos porque digan las dichas tres misas en cada semana trezientos maravedís, pero si los dichos mis herederos quisieren desipar e dexar a perder la dicha viña por tal guisa que se perdiese la dicha renta d´lla, en tal caso mando que los dichos clérigos la puedan fazer e reparar por tal guisa que se non pierda la dicha renta de los dichos trecientos maravedís. Iten mando más, que fagan dezir por mi alma en todas las iglesias de Galdames e Sopuerta e Somorrostro e Portogalete en cada una diez misas e se den por dezirlas a los clérigos o religiosos que las dixieren lo que es acostunbrado. Iten más mando, que de mis bienes fagan más ancha la dicha iglesia de Sant Martín adonde mi cuerpo ha de yacer segund a los mis fijos vien bisto les fuere. Iten más mando, que fagan la dicha capilla de la dicha iglesia de Sant Martín donde mi cuerpo ha de yazer enterrado. Iten mando más, un trentanario e que las diga Juan, abad de Sant Martín (...)".

(BRAH, Colec. Salazar, M-140, fols. 313-314) Transcripción realizada por Sabino Aguirre de Gandarias.



Descubrimiento de un cráneo
Una vez leído este fragmento es flagrante desde el comienzo la similitud con la de otros escritos de misma clase oriundos de las restantes regiones de la Corona y del occidente cristiano (invocación, preámbulo justificativo, concesiones pías en beneficio del alma, disposiciones relativas a los bienes terrenales, etc.). Desde un primer momento nos declara el objetivo que le induce a componer por escrito sus últimos deseos y éstos no serán otros que procurar su salvación final en el venidero laudo divinal que le espera y al mismo tiempo, apaciguar a sus herederos. Evitar las querellas relativas a los bienes materiales del finado que pudieren surgir una vez que el hecho inexcusable y natural de la muerte se llevase del mundo terrenal al temeroso Ochoa. Miedo y enfermedad que no le impiden declarar que está en completo uso de sus facultades mentales, factor esencial para que no hubiese reticencias legales en el cumplimiento de estos últimos mandatos. Un juicio divino es lo que en última instancia le aguarda al difunto, en donde se le evaluaría por las acciones llevadas a cabo durante su periodo vital y se decide si el porvenir que le aguarda es la salvación de su alma o por el contrario estaba destinado a sufrir la condenación eterna.


Calle García Salazar en Bilbao

Como conclusión queremos destacar la importancia de este tipo de documentos para descubrir la mentalidad de las personas que vivieron en un pasado tan remoto y cuya forma de ser se nos escapa por la escasez de fuentes históricas existentes. Pese a encontrarnos con un tipo de textos que en ocasiones caen en el formulismo, debemos de tener en cuenta que se tratan de unos documentos muy personales que de alguna forma reflejan la actitud más íntima que un individuo mantiene cuando se acerca el momento de su fallecimiento. Al mismo tiempo, somos capaces de vislumbrar otros aspectos más mundanos  de la existencia en este intervalo cronológico pues el elemento clave del testamento es la decisión sobre los bienes materiales que el difunto poseía en vida. Nos sirven pues para conocer numerosos detalles sobre el sistema social y económico en el que  estaba articulado el personaje en cuestión. Animamos por todo ello a la lectura detenida y sosegada de la voluntad de estos hombres.

Muchas gracias un día más por vuestra paciencia y atención.

Hasta la próxima entrada de Las huellas perdidas de Odiseo.

Un abrazo.

Sergio D.S.

Bibliografía

- AGUIRRE GANDARIAS, S.: Lope García de Salazar : el primer historiador de Bizkaia (1399-1476), Diputación foral de Bizkaia-Departamento de cultura , 1994 .
- ARIÈS, P.: El hombre ante la muerte, Taurus, 1983.
DACOSTA, A.: Los linajes de Bizkaia en la Baja Edad Media: poder, parentesco y conflicto, Universidad del País Vasco, 2003.
- LOPE GARCÍA DE SALAZAR: Libro de las buenas andanças e fortunas que fizo Lope Garcia de Salazar, Universidad del País Vasco (Edición de María Consuelo Villacorta Macho).

miércoles, 21 de octubre de 2015

[BIOGRAFÍA] Clausewitz , vida y obra (De la guerra)

Bienvenidos un día más a Las huellas perdidas de Odiseo para la lectura de una nueva entrada que espero os guste y anime a investigar sobre un personaje cuyo legado en la teoría militar es insustituible, inevitable e inexcusable. Nos referimos a Clausewitz, general prusiano decimonónico que con su clásico titulado De la Guerra consiguió influir- entre otros- a generaciones de oficiales alemanes en todo lo relativo a lo bélico y que todavía a día de hoy genera vivas discusiones intelectuales.  Debemos decir desde un inicio que Clausewitz es ante todo un militar prusiano, con todas las limitaciones y virtudes que en principio este hecho pudiere conferir. Pero su tratado posee una carga filosófica notable, empleando conceptos y términos adscritos a este campo de saber pero aplicados al oficio que le toco vivir: la guerra.


Pintura de John Singer Sargent


Biografía

Clausewitz
Carl von Clausewitz (1780-1831) nacido en Burg, es un típico oficial del celebérrimo ejército de Prusia, organismo armado dentro de una sociedad militarizada en extremo que vivió con catastrofismo su debacle bélica tras el advenimiento de Napoleón. Clausewitz inició su carrera de las armas en una edad muy temprana y podemos comprobar su participación en la guerra contra la Revolución estallada en Francia cuando contaba solamente doce años de edad. Posteriormente somos espectadores de la lucha que lleva a cabo contra el general Bonaparte, el ulterior fracaso e incluso su cautiverio tras Jena. Las victorias del emperador francés fueron meteóricas y extraordinarias, la fortuna favorecía constantemente a quien parecía un Dios de la guerra. No obstante, esa divinidad hubo de enfrentarse a problemas y situaciones más desfavorables, la úlcera española le acompañó hasta el desastre final que supuso la campaña rusa. Y es con los rusos en donde encontramos a Clausewitz, habiendo desertado de un ejército prusiano que en ese momento era un aliado obligado de la Francia imperial. Perseguimos sus huellas dentro de diferentes campos de batalla hasta la derrota final de  Bonaparte en Waterloo. 


Batalla de Waterloo (1815, William Sadler)


A pesar de todo, tras esa victoria  contra el francés le aguardaría cierta amargura en cuanto a su carrera profesional, siendo relegado a tareas que en su mayor parte quedaban reducidas a meras labores administrativas. Sin embargo, esta situación le proporcionó el tiempo necesario para documentarse y escribir la obra que ahora analizamos y que le ha convertido en uno de los teóricos de la guerra más famosos. Dicha fama sería póstuma, fenómeno tristemente muy repetido en las más diversas disciplinas, puesto que su manuscrito sólo vería la luz tras su fallecimiento. Una publicación efectuada gracias al interés y cariño de la que fuera su esposa, encargándose ella misma con esmero de todo el proceso.

Estructura. De la Guerra





En cuanto a su estructura la primera parte comprende cuatro libros:
Libro I. La naturaleza de la guerra.
Libro II. La teoría de la guerra.
Libro III. De la estrategia general.
Libro IV. El combate y la batalla.

La segunda parte queda dividida en dos libros:
Libro V. Referido a las fuerzas militares.
Libro VI. Sobre la defensa.

La tercera parte, por su lado, queda jalonada en dos apartados:
Libro VII. Sobre el ataque.
            Libro VIII. Desarrollo del plan de guerra.


Novedades de sus teorías

Se pueden reseñar numerosas contribuciones del pensamiento de Clausewitz al arte de la guerra y entre las que destacamos: el papel subordinado de la guerra frente a la política; lo crucial de las fuerzas morales en el desarrollo de las batallas; la superioridad de la defensa frente al ataque; los extraordinarios resultados que se pueden alcanzar a través de la participación en la guerra de la nación en armas (con especial mención al pueblo español)…Un autor que rompe con los postulados bélicos tradicionales del siglo de las luces, en donde la maniobra y el componente geométrico mantenían una preponderancia máxima en el desarrollo de los combates. Es por ello que queda enfrentado a tratadistas tan ilustres como Jomini o Bülow.

¿Aplicable a día de hoy?

Existe un polémico debate en cuanto a esta cuestión y nosotros somos favorables a posicionarnos desde una postura positiva. Aunque evidentemente al mismo tiempo realizamos una llamada al sentido común y a contextualizar el auxilio que nos puede proporcionar este volumen dentro de un entorno tan diferente como aquel que le dio a luz. Pese a todo, reseñamos laudos menos favorables que el nuestro en cuanto a la utilidad del pensamiento de este hombre de armas.

Estudiante de Kant de segunda mano, había adquirido un modo filosófico de expresión, sin desarrollar un verdadero pensamiento filosófico. Su teoría de la guerra fue expuesta de un modo demasiado abstracto y complicado para mentes de soldados comunes, esencialmente inclinados a seguir la letra más que el espíritu durante el curso de su argumento, los cuales frecuentemente retrocedían desde la dirección en la que aparentemente eran conducidos. Todavía impresionados y confundidos, jadeaban con sus enérgicas y conductivas frases, viendo solamente un significado superficial y perdiendo de vista la más profunda corriente de su pensamiento”.


Sir Basil Henry Liddell Hart

HART LIDDELL, B. H.: Estrategia, la aproximación indirecta



Opinión de Clausewitz sobre el pueblo español


Agustina de Aragón (Ferrer Dalmau)
“Todos los métodos convencionales fueron trastocados por la suerte y audacia de Bonaparte, y fuerzas de primer orden fueron aniquiladas casi de un solo golpe. Los españoles, con su obstinada resistencia, mostraron lo que puede realizar la movilización general de una nación y las medidas insurgentes en gran escala, pese a la debilidad y falta de consistencia que evidenciaban en ciertos aspectos particulares”

(De la Guerra, cap. XVII)

En síntesis, queremos resaltar únicamente una serie de aspectos que hemos esbozado en esta sucinta recensión. Recalcar la calidad del texto, cualidad que se advierte con mayor facilidad al comprobar que muchas de las ideas, conceptos y argumentaciones que se dan cita en el libro todavía hoy son aplicables en nuestra realidad más inmediata. Ello no deja de añadir mérito a un teórico que en su tiempo insufló una gran carga de innovación a la disciplina de la que era especialista. 

“A medida que avanzaba el siglo, su manuscrito principal e incompleto, Sobre la guerra, llegó a considerarse el trabajo que mostraba mejor que cualquier otra obra literaria que la guerra era susceptible de ser analizada histórica y lógicamente y que su análisis podía dar cabida a proposiciones generales de conflicto y a los cambios  constantes introducidos por nuevas armas y por los nuevos fenómenos políticos y sociales”.




PARET, P.: Clausewitz y el Estado, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1979, p. 20.

Normalmente se suelen subrayar ciertos aforismos, siendo el más famoso “la guerra es una continuación de la política por otros medios”. Pero, indubitablemente, Clausewitz es mucho más que una serie de citas preparadas en batería un tanto salidas del contexto con las que asaltar a nuestros interlocutores. En general y en definitiva, debemos hacer hincapié en que nos posicionamos ante un clásico que merece ser leído, estudiado y pensado, como así lo hicieron algunos de los grandes personajes de la Historia como Lenin o Mao.



Conferencia sobre Clausewitz y su obra realizada por Donald Stoker (en inglés)



De la guerra Carlos von Clausewitz ; traducción por Abilio Barbero y Juan Segui ; prólogo de Juan García Benítez . Enlace en donde puedes descargar el libro desde la Biblioteca Nacional de España (BNE). [DESCARGA, PULSA AQUÍ]

Tras recomendar la lectura de la propia obra, damos por finalizado nuestro pequeño aporte. No queda sino agradeceros una vez más vuestra visita y atención.

Muchas gracias por haber sido participes en Las huellas perdidas de Odiseo.

Un fuerte abrazo.

Sergio D.S.

Bibliografía

- ARON, R.: Sobre Clausewitz, Nueva Visión, Buenos Aires, 2009.
- GARCÍA CANEIRO, J., VIDARTE, F. J.: Guerra y filosofía. Concepciones de la guerra en la     Historia del Pensamiento, Tirant lo Blanch, Valencia, 2002.
- GIRARD, R.: Clausewitz en los extremos. Política, guerra y apocalipsis, Katz editores, 2010.
- MARINI A.: De Clausewitz a Mao Tse-Tung, Pleamar, 1969.
- PARET, P.: Clausewitz y el Estado, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1979.